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Biblia (del
lat. «biblía», del gr. «biblía»,
libros) Conjunto de los libros sagrados con el que se designa al conjunto
de escritos que judíos y cristianos, cada uno con sus matizaciones
propias, consideran como "inspirados por Dios";divididos en
«Antiguo» y «Nuevo Testamento».
ANTIGUO
TESTAMENTO
(46 libros)
HISTÓRICOS
Pentateuco: Palabra griega con la que
se designan los «cinco libros de Moisés», o, según
el nombre hebreo, la Torá o primera parte de la Biblia, escrita
originariamente en hebreo. En su calidad de «Instrucción»
o «Ley» divina, ocupa un lugar central y preferente dentro
del judaísmo, ya que de su texto se deducen los preceptos positivos
y negativos por los que se regula la vida judía. Aunque tradicionalmente
se considere que han sido escritos por Moisés, que ocupa en ellos
sin duda un lugar muy destacado, numerosas razones nos hacen ver que no
son obra de un solo autor, ni se han redactado de una sola vez. La
composición de los cinco libros en la forma en que hoy los conocemos
es el resultado de un largo proceso en el que hay que distinguir al menos
un estadio preliterario y un estadio literario. En el primero, se produce
la transmisión básicamente oral de pequeñas unidades
literarias de muy diversos tipos: relatos, leyendas, fábulas, sagas,
regulaciones culturales y éticas, etc., que se van agrupando en
torno a los temas fundamentales de la tradición del pueblo de Israel:
salida de Egipto, conquista del país, promesas a los Patriarcas,
marcha por el desierto, revelación del Sinaí, etc. En el
estadio propiamente literario, que no comienza antes del período
de la monarquía unificada, en torno al siglo X a.C., se recopilan
esas unidades literarias formando una especie de hilos narrativos que
dejan entrever una intención ideológica determinada. Tras
un largo proceso de siglos, en el que se van entrelazando todos esos hilos
narrativos y que no concluye antes del destierro de Babilonia (587 a.C.),
termina la fase final de redacción de los cinco libros del Pentateuco.El
primero de esos libros, el Génesis, nos ofrece el relato de la
creación del mundo y el pecado de los primeros hombres y recoge,
a continuación, narraciones sobre los antepasados del pueblo judío,
los Patriarcas Abrahán, Isaac, Jacob y José. Los
cuatro libros que siguen, Éxodo, Levítico, Números,
y Deuteronomio, tienen como protagonista a Moisés e incluyen
el relato de la salida de Egipto, la entrega de la Torá en el Sinaí
y la marcha por el desierto de los israelitas, junto a varios códigos
legales. El capítulo 15 del Éxodo incluye uno de los poemas
más antiguos de la Biblia, que conmemora la derrota del ejército
del Faraón que perseguía a los israelitas cuando éstos
huyeron de Egipto y cruzaron el Mar de las Cañas; también
Génesis 49 (bendiciones de Jacob), Números 23 y 24 (oráculos
de Balaam), Deuteronomio 32 (cántico de Moisés) y 33 (bendiciones
de Moisés) son pasajes poéticos particularmente antiguos.
En Éxodo 20, 1-17, se incluye el Decálogo, seguido de otras
regulaciones cultuales. En Levítico 11-16 se desarrolla una compleja
legislación sobre pureza e impureza ritual, seguida de la llamada
«ley de santidad» (capítulos 17-26). El Deuteronomio
y, en particular, su núcleo originario (capítulos 12-26),
recoge una legislación peculiar que insiste en la centralización
del culto y el humanitarismo y que suele relacionarse con la reforma de
Josías, rey de Judá (2 Reyes, 22). El libro toma la forma
de distintos discursos de Moisés y de las palabras que pronuncia
antes de morir. Los
samaritanos, secta separada del judaísmo a mediados del siglo II
a.C., reconocen exclusivamente el Pentateuco, en la forma especial en
que se ha conservado dentro de su propia tradición, como libro
sagrado.
Génesis (Gen.;
Gén.)
Éxodo (Ex.; Éx.)
Levítico (Lev.)
Números (Num.; Núm.)
Deuteronomio (Deut.)
son llamados en algunas ediciones I y II de Samuel, y por tanto, los III
y IV de los Reyes pasan o ser I y II.)
I Crónicas o Paralipómenos (I Par.)
II Crónicas o Paralipómenos (II Par.)
Esdras (Esdr.)
Nehemías (Neh.)
Tobías (Tob.)
Judith (ludith: Judit)
Ester (Esth.; Est.)
I Macabeos (I Mac.)
II Macabeos (II Mac.)
DIDÁCTICOS
Job (Iob; Job)
Libro de los Salmos (Ps.; Sal.)
Proverbios (Prov.)
Josué (Ios.; Jos.)
Jueces (Iud.; Juec.
Rut (Rut ; Rut)
I Reyes (I Reg.; I Rey.)
Il Reyes (II Reg.; 11 Rey.)
III Reyes (III Reg.; III Rey.)
IV Reyes (IV Reg.; IV Rey.)
(Los dos primeros libros de los Reyes
PROFÉTICOS
Profetas mayores:
Isaías (Is.)
Jeremías (Ier.; Jer.)
Laméntaciones de Jeremías (Lam.)
Barue (Bar.)
Ezequiel (Ez.)
Daniel (Dan.)
Profetas menores:
Oseas (Os.)
Joel (Ioel; Joel)
Amós (Am.)
Abdías (Abd.)
Jonás (Ion.; Jon.)
Miqueas (Mich.; Miq.)
Nahum (Nah.)
Habacuc (Hab.)
Eclesiastés (Eccl.; Ecl.)
Cantar de los Cantares (Cant.)
Libro de la Sabiduria (Sap.; Sab.)
Eclesiástico (Eccli.; Ecli.)
Sofonías (Soph.; Sof.)
Ageo (Ag.)
Zacarías (Zach.; Zac.)
Malaquías (Mal.)
NUEVO TESTAMENTO
(27 libros)
HISTÓRICOS
Evangelios:
Mateo (Mt.; Mat.)
Marcos (Me.: Marc.)
Lucas (Le.; Luc.)
Juan (lo.,. Jn.)
Hechos de los Apóstoles (Act.: Hech.)
DIDÁCTICOS
II de San Pedro (II Pet.; II Ped.)
Epístolas de San Pablo:
A los Romanos (Rom.)
I a los Corintios (I Cor.)
II a los Corintios (II Cor.)
A los Gálatas (Gal.; Gál.)
A los Efesios (Eph.; Efes.)
A los Filipenses (Phil.; Fil.)
A los Colosenses (Col.; Colos.)
I a los Tesalonicenses (1 Thess.; I Tes.)
II a los Tesalonicenses (II Thess.; II Tes.)
I a Timoteo (1 Tim.)
II a Timoteo (II Tim.)
A Tito (Tit.; Tito)
A Filemón (Philem.; File.)
A los Hebreos (llebr.)
Epístolas católicas:
De Santiago (Iac.; Sant.)
I de San Pedro (I Pet.: I Ped.)
I de San Juan (I lo.; I Jn.)
II de San Juan (II lo.; II Jn.)
III de San Juan (III lo.: III Jn.)
De San Judas (Iudas; Jd.)
PROFÉTICOS
Apocalipsis de San Juan (Apoc.)
A los treinta y nueve libros
del Antiguo Testamento según la clasificación
judía, la Iglesia añadió los siete de : Toblas, Judit,
Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, y I y II de los Macabeos;
los cuales, con la Epístola los Hebreos, II de Pedro, II y III
de Juan, de Santiago, de Judas y el Apocalipsis, son llamados deuterocanónicos.
Los demás son los llamados canónicos. A continuación
de cada título, y entre paréntesis, va la abreviatura que
suele emplearse, en
latín y en castellano, para las citas de la Sagrada Escritura;
sólo figura una cuando ambas son idénticas.
El número
de libros es diferente según se trate de los judíos o de
las distintas confesiones cristianas. A los libros originariamente escritos
en hebreo (y pequeñas secciones en arameo) que forman la Biblia
judía se sumaron otros libros escritos en griego a los que se aplica
el nombre de deuterocanónicos (o sea, de un segundo canon, refiriéndose
al que se pensaba fue utilizado en Alejandría), que ni los judíos
ni algunas confesiones cristianas (para las que son apócrifos)
reconocen como revelados, pero que sí lo son para los católicos
y ortodoxos. Todos los cristianos coinciden en dar al conjunto de esos
libros el nombre de "Antiguo Testamento" (o "Alianza antigua"),
incluyendo junto a ellos con la misma categoría los escritos griegos
del "Nuevo Testamento", que tratan sobre la vida de Jesús
y los primeros cristianos.
Los
Libros Bíblicos.
La Biblia hebrea está compuesta por tres bloques de libros: la
Torá ("Instrucción" o, en griego, "Pentateuco",
los "cinco libros de Moisés"), los Profetas (incluyendo
libros históricos y propiamente proféticos), y los Escritos
(llamados también "Hagiógrafos", entre los que
se cuentan géneros literarios muy diversos: Salmos, Proverbios,
Job, etc.). Con sus iniciales se ha formado el término Tanak, con
el que suelen designarse en hebreo. Son en total, según el cálculo
judío, 24 libros. Algunos de ellos se redactaron antes del destierro
de Babilonia (586 a.C.), aunque fueron completados o revisados con posterioridad
a esa fecha; otros, fueron escritos durante el mismo destierro, o a la
vuelta del mismo, en los siglos bajo la dominación de los persas
o de Alejandro Magno y sus sucesores. El último libro que se escribe
es seguramente el de Daniel (con algunas secciones en arameo), hacia el
siglo II a.C.
El primer libro de la Torá o Pentateuco, el Génesis, presenta
el relato de la creación del mundo y el pecado de los primeros
hombres, y recoge a continuación narraciones sobre los antepasados
del pueblo judío, los Patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y José.
Los cuatro libros que siguen, Éxodo, Levítico, Números
y Deuteronomio, tienen como protagonista a Moisés, e incluyen la
narración de la salida de Egipto, la entrega de la Torá
en el Sinaí y la marcha por el desierto de los israelitas, junto
a varios códigos legales. El Deuteronomio presenta una legislación
particular, que insiste en la centralización del culto y el humanitarismo,
que suele ponerse en relación con la reforma de Josías,
rey de Judá. Los materiales tienen su origen en círculos
humanos e ideológicos muy distintos, de los que los más
antiguos son al menos del tiempo de la monarquía, mientras que
el último de ellos, que proviene de grupos de sacerdotes al servicio
del Templo de Jerusalén, parece haberse concluido en la época
del destierro. Incluyen géneros literarios muy diversos, tanto
de carácter narrativo como jurídico, y ciertas secciones
poéticas.
El conjunto de los Libros históricos se conoce también como
"Profetas anteriores" e incluye: Josué, Jueces, 1º
y 2º Samuel y 1º y 2º Reyes. Éstos se distinguen
de los "Profetas posteriores", que incluyen los libros que contienen
las enseñanzas de los profetas de Israel. En el primer grupo de
libros se relatan los acontecimientos históricos que siguen a la
muerte de Moisés: la conquista de Canaán bajo el mando de
Josué, el período de los jefes carismáticos ("Jueces"),
la formación de la monarquía con Saúl, David y Salomón,
y la separación de los dos reinos, del Norte y del Sur, hasta su
conquista por parte de los asirios y babilonios.
Los libros de los "Profetas posteriores" recogen los dichos,
oráculos y visiones de los profetas literarios, esto es, de las
tres grandes figuras de Isaías, Jeremías y Ezequiel, y de
los doce profetas llamados "menores" (véase Libros de
los Profetas Menores). Los más antiguos son del siglo VIII a.C.
(Isaías, Amós, Oseas, Miqueas), y los más recientes,
posteriores al exilio, del siglo V a.C. o aún más tardíos
(Malaquías, etc.). En el libro de Isaías se distinguen tres
secciones: en la primera, capítulos 1-39, se han recopilado varias
colecciones de palabras procedentes de la actividad del profeta Isaías
(siglo VIII a.C.); la segunda, llamada "Deuteroisaías"
(capítulos 40-55), refleja una época muy posterior, cuando
el Templo había sido ya destruido (siglo VI a.C.); la tercera,
el "Tritoisaías", contiene materiales aún más
recientes, de la época persa. El libro de Jeremías recoge
la actuación de este profeta, nacido en la segunda mitad del siglo
VII a.C., en tiempo de los reyes Joaquín y Sedecías, y aun
de su estancia forzada en Egipto; la forma definitiva del libro no sería
anterior al siglo III a.C. El libro de Ezequiel refleja el ambiente del
exilio en Babilonia, en el siglo VI a.C., aunque la redacción final
se sitúa en tiempo más reciente. Los libros de los Profetas
Menores, por su parte, contienen oráculos de carácter profético
provenientes de los reinos del Norte (Oseas) y del Sur, anteriores y posteriores
al destierro de Babilonia (como Ageo, Zacarías y Malaquías).
La colección final de los mismos en este bloque puede ser del siglo
III a.C.
Los "Escritos" forman el grupo más variado de libros
bíblicos; unos son anteriores al destierro y otros muy posteriores.
Forman parte de este grupo tres grandes libros: el Libro de los Salmos,
una colección de 150 himnos y poemas líricos de súplica
o didáctico-religiosos, algunos atribuidos a David, otros a Coré
y Asaf, y buena parte sin referencia alguna de autor; el Libro de Job,
un libro profundo y problemático, con secciones en prosa y en verso,
sobre la actitud del hombre ante Dios y la justicia divina, compuesto
en torno al año 400 a.C.; el Libro de Proverbios, libro sapiencial
(véase Libros Sapienciales), con dichos, aforismos, poemas didácticos,
dichos numéricos, etc., atribuidos tradicionalmente a Salomón,
si bien su proceso de formación se completa hacia el siglo IV a.C.
Un pequeño grupo, llamado "los cinco rollos" y que incluye
los libros de Rut, Cantar de los cantares, Qohelet, Lamentaciones y Ester,
tiene en común el tono edificante y aleccionador, aunque el escepticismo
existencial de Qohelet y el tono erótico del Cantar, un canto nupcial,
hicieron que se discutiera si debían incluirse o no entre los libros
sacros. Hay asimismo libros históricos, como Crónicas, Esdras
y Nehemías, que tras pasar revista a toda la historia de Israel
relatan la vuelta del exilio y la reconstrucción del Templo. El
libro de Daniel, seguramente el último de todos los que forman
parte de la Biblia hebrea, es de carácter apocalíptico y
puede haberse escrito en el siglo II a.C.
El canon judío y el texto de la Biblia.
La aceptación de algunos de esos libros como "bíblicos"
o "canónicos" dentro del judaísmo no fue inmediata,
y estuvo precedida de dudas y debates. Los cinco libros de la Torá
fueron los primeros unánimemente aceptados. Para la secta de los
samaritanos, que probablemente se separó del judaísmo oficial
a mediados del siglo II a.C., fueron los únicos libros sagrados.
Más adelante se dio una categoría similar a los libros proféticos.
En los comienzos de nuestra era se había generalizado ya leer en
la sinagoga cada sábado una porción de la Torá (dividida
en ciclos de uno o tres años), y una sección de los Profetas.
Los últimos en aceptarse como canónicos fueron los "Escritos",
sobre los que todavía había algunas dudas en el siglo I
d.C. En los manuscritos hay numerosas discrepancias en el orden de este
grupo de libros y en particular de los "cinco rollos". No obstante,
desde comienzos del siglo II se distinguían ya claramente los libros
bíblicos de otros libros de tema religioso más o menos marginales,
que recibieron la denominación de libros «externos».
Tampoco fue un proceso rápido el que llevó a la fijación
del texto hebreo de la Biblia: diversos testimonios de las antiguas versiones
y, muy en especial, de los manuscritos bíblicos hallados al borde
del Mar Muerto nos permiten observar que existían pequeñas
diferencias en los distintos textos utilizados por las comunidades judías
en torno a los comienzos de nuestra era. Gracias a la intervención
de los rabinos (el impropiamente llamado "sínodo de Yabne")
a fines del siglo I d.C., se logró una mayor uniformidad. Ese texto
uniformado es el que recibieron los masoretas medievales, que dedicaron
su esfuerzo a asegurar la conservación cuidadosa de los menores
detalles del texto, al tiempo que lo vocalizaban y lo dotaban de acentos.
El "texto masorético" es el que se encuentra hoy en todas
las Biblias impresas.
Manuscritos y ediciones.
Entre los Manuscritos del Mar Muerto
aparecieron numerosos fragmentos de los libros bíblicos, sobre
todo en hebreo y griego. El más destacable es un rollo completo
del libro de Isaías, seguramente escrito a fines del siglo II a.C.,
con lecturas un tanto peculiares, pero sustancialmente idéntico
a los más importantes manuscritos medievales y a nuestras ediciones
actuales. Otra colección importante de fragmentos de manuscritos
bíblicos, aunque ya medieval, procede de los fondos descubiertos
en el almacén (Geniza) de una vieja sinagoga de El Cairo. El texto
de nuestras biblias hebreas impresas depende en lo esencial de los manuscritos
vocalizados por la principal familia de masoretas de Tiberias, los Ben
Aser, que desarrollaron su actividad a comienzos del siglo X. El manuscrito
que tiene mayor prestigio en nuestros días es el Códice
de Alepo, de la primera mitad del siglo X, cuya vocalización se
atribuye a Aarón ben Aser, y del que desgraciadamente en 1947 se
perdió cerca de un tercio en el incendio de la sinagoga de Alepo
en la que se guardaba. Otro códice conservado en la Biblioteca
Pública de San Petersburgo, de la misma escuela, fechado en 1008,
ha servido también de base para la edición de buenos textos
hebreos utilizados en nuestro tiempo.
Algunos libros de la Biblia hebrea figuran entre las primeras obras impresas
en el siglo XV. En 1488 aparecía la primera Biblia completa de
Soncino. Por su especial importancia en los siglos siguientes merece especial
mención la llamada "segunda Biblia rabínica de Jacob
ben Hayim", publicada por Daniel Bomberg en Venecia en 1524/25. Como
será tradición en no pocas Biblias judías, junto
al texto hebreo figura el de la traducción aramea y los comentarios
de los exegetas judíos más importantes: Rasi, Abrahán
ibn Ezra, David Qimhi, etc. Es el texto que se ha tomado como base durante
siglos para innumerables ediciones de la Biblia hebrea. La Universidad
Hebrea ha iniciado hace unos años la publicación de un nuevo
texto crítico de la Biblia hebrea basado en el Códice de
Alepo.
Las traducciones judías de la Biblia.
Las versiones judías más antiguas del texto de la Biblia
se hicieron al griego y al arameo. Las necesidades de los judíos
de la diáspora helenística, cada vez más alejados
del hebreo, fueron seguramente la razón que impulsó a verter
al griego los libros bíblicos. En el siglo III a.C. se comenzó
a traducir al hebreo la Torá, a la que seguirían los restantes
libros bíblicos en ese mismo siglo y el siguiente. Se llamó
Septuaginta, nombre latino que significa "Setenta", de acuerdo
con la tradición judía de que, a petición del Rey
de Egipto, el sumo sacerdote habría mandado a Alejandría
setenta y dos ancianos de todas las tribus de Israel para realizar esa
versión que debía guardarse en la famosa biblioteca de la
ciudad. En general es una traducción cuidadosa, aunque a veces
se aparta de la estricta literalidad y emplea una técnica de traducción
algo más libre; en ocasiones, el texto hebreo que traduce es algo
distinto del que utilizaron los masoretas. El hecho de que los cristianos
la utilizaran en sustitución del texto hebreo, y de que en el siglo
II no pareciera ya responder a los criterios de interpretación
de los rabinos de Palestina, hizo que su uso entre los judíos decayera
sensiblemente y que trataran de reemplazarla por nuevas versiones más
ajustadas a la letra del texto.
Entre tanto, habían ido ganando en importancia en el ambiente judío
de Palestina las traducciones arameas de la Biblia: los Targumim. Eran
primero explicaciones verbales del sentido del texto hebreo leído
en la Sinagoga, en la lengua aramea en la que hablaban muchas de las comunidades
judías, sobre todo en Galilea; después, serían puestas
por escrito, incluyendo con frecuencia glosas introducidas para aclarar
y actualizar el sentido del texto. (Véase targum).
Entre las traducciones medievales a otras lenguas tuvo especial importancia
y difusión la versión al árabe realizada por Saadia
Gaón a comienzos del siglo X. Del siglo XII es la primera versión
parcial de la Biblia hebrea al romance castellano incluida en La Fazienda
de Ultramar. Durante los siglos siguientes seguirían otras versiones
que han recibido el nombre de Biblias romanceadas. Tuvo particular importancia
la versión llevada a cabo por Moisés Arragel de Guadalajara
en el siglo XV (Biblia de Alba) y, tras la expulsión de los judíos
de España, las ediciones impresas del Pentateuco de Constantinopla
(1547) y la Biblia de Ferrara (1553).
La interpretación de la
Biblia en el judaísmo.
Desde muy pronto se sintió la necesidad de estudiar y comentar
la Biblia dentro del judaísmo. Era sin duda la base de la fe judía
(junto con la tradición oral, llamada "Ley oral") y la
fuente de la práctica legal del judaísmo. Según la
enseñanza rabínica, en la Biblia se encontraban formulados
los 613 preceptos, positivos y negativos, por los que debía regirse
la vida judía. Los rabinos partían de la idea de que el
texto de la Biblia no sólo tenía un sentido literal o directo
sino que, convenientemente estudiado, podía manifestar otras muchas
facetas ("la Torá tiene setenta caras"). Elaboraron para
escudriñar esos aspectos colecciones de normas hermenéuticas,
en parte basadas en el silogismo aristotélico y en la analogía,
y en parte en procedimientos mucho más complejos y más alejados
de la lógica helenística. Con esos criterios se redactaron
los comentarios a la Biblia de los tiempos rabínicos, los midrasim,
hasta el comienzo de la Edad Media.
En el Medievo, los comentarios judíos de la Biblia dieron un giro
muy significativo. Coincidiendo con el desarrollo de los estudios léxicos
y gramaticales, sobre todo en al-Andalus, se revalorizó el análisis
filológico y el sentido directo y literal del texto. Al mismo tiempo,
los filósofos buscaban sentidos alegóricos en la Escritura
(igual que habían hecho muchos siglos antes algunos alejandrinos
como Aristóbulo o Filón), y los cabalistas encontraban también
alusiones a los misterios profundos de las enseñanzas de la Cábala.
Otros exegetas practicaban todavía un tipo de exegesis tradicional,
próximo a los procedimientos empleados por los antiguos rabinos.
Así se desarrollan dentro del judaísmo los "cuatro
sentidos de la Escritura": literal, tradicional, alegórico
y místico. Entre los comentaristas judíos más conocidos
de la Biblia hay que mencionar al anteriormente citado Rasi, rabino judío
francés (de Troyes) que a fines del siglo XI y comienzos del XII
alcanzó el máximo prestigio entre sus correligionarios por
sus comentarios a casi todos los libros de la Biblia, en los que buscaba
el sentido literal sin dejar de ser fiel a los métodos tradicionales
de los rabinos; con su ciencia y su gran sentido pedagógico, se
convirtió en un clásico de la exegesis judía. Junto
a él, dos exegetas de origen español se cuentan también
entre los más populares: Abrahán ibn Ezra y David Qimhi.
El primero, nacido en Tudela a fines del siglo XI, escribió numerosos
comentarios a la Biblia en sus viajes por Italia y Francia, incluyendo
en ellos el saber filológico andalusí, con observaciones
valiosas de carácter científico y filosófico. David
Qimhi, de familia andalusí, pero nacido ya en Narbonne, unió
el conocimiento filológico y la búsqueda del sentido literal
a una actitud más comprensiva hacia los resultados de la exegesis
tradicional de los rabinos. Los comentarios de estos tres exegetas judíos
suelen incluirse en todas las ediciones de la Biblia para uso de las familias
judías. Se suele añadir también el comentario de
otro judío catalán, Nahmánides, con frecuentes referencias
a las enseñanzas de la Cábala.
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