CIENCIAS HUMANAS-23

BIBLIA

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INTRODUCCION

EL ANTIGUO TESTAMENTO

Génesis 1 Samuel Ester Lamentaciones Miqueas
Exodo 2 Samuel Job Ezequiel Nahum
Levitico 1 de Reyes Salmos Daniel Habacuc
Números 2 de Reyes Proverbios Oseas Sofonías
Deuteronomio 1 de Crónicas Eclesiastés Joel Hageo
Josúe 2 de Crónicas Cantares Amós Zacarías
Jueces Esdras Isaías Abdías Malaquías
Rut Nehemías Jeremías Jonás

EL NUEVO TESTAMENTO

Mateo 1 Corintios 1 Tesalonicenses Hebreos 3 Juan
Marcos 2 Corintios 2 Tesalonicenses Santiago Judas
Lucas Gálatas 1 Timoteo 1 Pedro Apocalipsis
Juan Efesios 2 Timoteo 2 Pedro
Hechos Filipenses Tito 1 Juan
Romanos Colosenses Filemón 2 Juan

La Biblia es una compilación de lo que en un principio eran documentos separados (llamados "libros"), escritos primero en hebreo durante un dilatado periodo de tiempo y después reunidos para formar la Biblia judía (Tanaj, el Antiguo Testamento) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 aC - 100 dC). Los textos más antiguos se encuentran en el libro de jueces ("canto de Deborah") y en las denominadas fuentes "E" y "J" del Pentatéuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII aC. El libro completo más antiguo, el de Oseas es también de la misma época.

La Biblia cristiana hebrea que conocemos hoy fue ensamblada por primera vez en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era. Dicho canon de 73 libros (46 pertenecientes al llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente deuterocanónicos que no son reconocidos por el canon judío, ni valorados igual que los canónicos por el protestantismo, y 27 al Nuevo Testamento) fue confirmado en el Concilio de Cartago en el año 397 y nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546 (este último válido sólo para los católicos romanos).

El Nuevo Testamento fue escrito en lengua griega koinē. En él se cita con frecuencia al Antiguo Testamento de la versión de los Setenta, traducción al griego del Antiguo Testamento realizada en Alejandría en el siglo III aC.

La Biblia es para los creyentes un mensaje inspirado por el llamado Espíritu Santo sobre la historia de la humanidad, su creación, su caída en el pecado y su salvación, que expone cómo el Dios creador se ha relacionado, se relaciona y se relacionará con el ser humano. De igual forma, la Biblia expone los atributos y el carácter de Dios.

El Antiguo Testamento narra principalmente la historia de los hebreos; el Nuevo Testamento la vida, muerte y resurrección de Jesús, su mensaje y la historia de los primeros cristianos.

La Biblia es una fuente de creencia religiosa y doctrina. En divergencia con las iglesias que consideran que también la tradición es fuente de doctrina, en el siglo XVI la Reforma definió el principio llamado "sola escritura", que significa que solamente la Biblia puede ser considerada fuente de doctrina cristiana. Esta divergencia entre cristianos se amplió al definir la Iglesia Católica Romana la infalibilidad del Papa, es decir, su autoridad absoluta e indiscutible en doctrina cristiana por ser el sucesor y único heredero de San Pedro, a quien Jesús habría entregado las "llaves del Reino" (una interpretación bíblica que no todos los cristianos comparten). El rabínico considera como fuente de doctrina el Talmud, mientras los Caraítas defienden desde el siglo VIII el Tanaj como única fuente de fe.

La palabra "biblia" significa ‘biblioteca’ (en griego βιβλια, biblia). Un libro de la Biblia es un grupo establecido de escrituras. Por ejemplo, el libro de Salmos' (en hebreo Tehilim o ‘Canciones de alabanza’) tiene 150 canciones (151 en la versión de los Setenta), mientras que el libro de Judas es una carta de media página.

La Biblia hebrea (El Tanaj) está dividida en tres secciones: los cinco libros de Moisés (la Ley o Torá), los libros escritos por los profetas hebreos (los Profetas o Nevi'im) y unos libros que no entran en las dos categorías anteriores (las Escrituras o Ketuvim); éstos son conocidos como hagiógrafa o simplemente «las Escrituras».

La Biblia judía fue escrita predominantemente en hebreo, pero tiene algunas pequeñas partes que fueron escritas en arameo. En la Biblia cristiana, la Biblia hebrea es llamada Antiguo Testamento, para distinguirla del Nuevo Testamento, que es la parte que narra la vida de Jesús y su predicación, entre otras cosas. El Nuevo Testamento está dividido en los cuatro Evangelios, Historia (Hechos de los Apóstoles), las Cartas a iglesias cristianas por Pablo y otros apóstoles, y el Apocalipsis.

Biblia de Gutenberg

Las Biblias cristianas contienen la totalidad del Tanaj (ahora llamado el Antiguo Testamento), junto con un grupo de Escrituras posteriores conocidas como el Nuevo Testamento. Dentro del cristianismo, no hay acuerdo completo sobre el número exacto de libros que debe tener (con igual reconocimiento) el Antiguo Testamento, es decir, sobre su canon. Hasta el siglo XVI se mantuvo en Occidente la traducción latina de San Jerónimo conocida como "la Vulgata" (proveniente del latín vulgar) que incorporaba tanto el canon judío como aquellos escritos que él denominó apócrifos. Con la Reforma Protestante, Martín Lutero cuestionó la necesidad de mantener los libros apócrifos junto a los canónicos y los agrupó como un apéndice edificante al final de su traducción al alemán de la Biblia. La Iglesia Católica Romana confirmó, sin embargo, el canon de la Biblia de los Setenta y de la Vulgata en el Concilio de Trento (1545-1563), reconociendo más claramente la canonicidad de algunos apócrifos cuestionados por Lutero, que desde ese mismo siglo comenzaron a ser llamados "Deuterocanónicos" (Sixto de Siena introdujo el concepto). Las iglesias orientales también reconocen plena canonicidad a los deuterocanónicos, agregando también otros libros que se encuentran en códices antiguos, como 3 y 4 Macabeos y la Oración de Manasés. La iglesia etíope acepta asimismo el Libro de Henoc como canónico. No hay ninguna disputa en cuanto al resto de los libros, y todos los grupos cristianos tienen los mismos libros en el Nuevo Testamento de la Biblia.

 

Biblia (del lat. «biblía», del gr. «biblía», libros) Conjunto de los libros sagrados con el que se designa al conjunto de escritos que judíos y cristianos, cada uno con sus matizaciones propias, consideran como "inspirados por Dios";divididos en «Antiguo» y «Nuevo Testamento».

ANTIGUO TESTAMENTO (46 libros)
HISTÓRICOS

Pentateuco: Palabra griega con la que se designan los «cinco libros de Moisés», o, según el nombre hebreo, la Torá o primera parte de la Biblia, escrita originariamente en hebreo. En su calidad de «Instrucción» o «Ley» divina, ocupa un lugar central y preferente dentro del judaísmo, ya que de su texto se deducen los preceptos positivos y negativos por los que se regula la vida judía. Aunque tradicionalmente se considere que han sido escritos por Moisés, que ocupa en ellos sin duda un lugar muy destacado, numerosas razones nos hacen ver que no son obra de un solo autor, ni se han redactado de una sola vez.
La composición de los cinco libros en la forma en que hoy los conocemos es el resultado de un largo proceso en el que hay que distinguir al menos un estadio preliterario y un estadio literario. En el primero, se produce la transmisión básicamente oral de pequeñas unidades literarias de muy diversos tipos: relatos, leyendas, fábulas, sagas, regulaciones culturales y éticas, etc., que se van agrupando en torno a los temas fundamentales de la tradición del pueblo de Israel: salida de Egipto, conquista del país, promesas a los Patriarcas, marcha por el desierto, revelación del Sinaí, etc. En el estadio propiamente literario, que no comienza antes del período de la monarquía unificada, en torno al siglo X a.C., se recopilan esas unidades literarias formando una especie de hilos narrativos que dejan entrever una intención ideológica determinada. Tras un largo proceso de siglos, en el que se van entrelazando todos esos hilos narrativos y que no concluye antes del destierro de Babilonia (587 a.C.), termina la fase final de redacción de los cinco libros del Pentateuco.El primero de esos libros, el Génesis, nos ofrece el relato de la creación del mundo y el pecado de los primeros hombres y recoge, a continuación, narraciones sobre los antepasados del pueblo judío, los Patriarcas Abrahán, Isaac, Jacob y José. Los cuatro libros que siguen, Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio, tienen como protagonista a Moisés e incluyen el relato de la salida de Egipto, la entrega de la Torá en el Sinaí y la marcha por el desierto de los israelitas, junto a varios códigos legales. El capítulo 15 del Éxodo incluye uno de los poemas más antiguos de la Biblia, que conmemora la derrota del ejército del Faraón que perseguía a los israelitas cuando éstos huyeron de Egipto y cruzaron el Mar de las Cañas; también Génesis 49 (bendiciones de Jacob), Números 23 y 24 (oráculos de Balaam), Deuteronomio 32 (cántico de Moisés) y 33 (bendiciones de Moisés) son pasajes poéticos particularmente antiguos. En Éxodo 20, 1-17, se incluye el Decálogo, seguido de otras regulaciones cultuales. En Levítico 11-16 se desarrolla una compleja legislación sobre pureza e impureza ritual, seguida de la llamada «ley de santidad» (capítulos 17-26). El Deuteronomio y, en particular, su núcleo originario (capítulos 12-26), recoge una legislación peculiar que insiste en la centralización del culto y el humanitarismo y que suele relacionarse con la reforma de Josías, rey de Judá (2 Reyes, 22). El libro toma la forma de distintos discursos de Moisés y de las palabras que pronuncia antes de morir. Los samaritanos, secta separada del judaísmo a mediados del siglo II a.C., reconocen exclusivamente el Pentateuco, en la forma especial en que se ha conservado dentro de su propia tradición, como libro sagrado.

HISTÓRICOS
Génesis (Gen.; Gén.)
Éxodo (Ex.; Éx.)
Levítico (Lev.)
Números (Num.; Núm.)
Deuteronomio (Deut.)

son llamados en algunas ediciones I y II de Samuel, y por tanto, los III y IV de los Reyes pasan o ser I y II.)
I Crónicas o Paralipómenos (I Par.)
II Crónicas o Paralipómenos (II Par.)
Esdras (Esdr.)
Nehemías (Neh.)
Tobías (Tob.)
Judith (ludith: Judit)
Ester (Esth.; Est.)
I Macabeos (I Mac.)
II Macabeos (II Mac.)
DIDÁCTICOS
Job (Iob; Job)
Libro de los Salmos (Ps.; Sal.)
Proverbios (Prov.)
Josué (Ios.; Jos.)
Jueces (Iud.; Juec.
Rut (Rut ; Rut)
I Reyes (I Reg.; I Rey.)
Il Reyes (II Reg.; 11 Rey.)
III Reyes (III Reg.; III Rey.)
IV Reyes (IV Reg.; IV Rey.)
(Los dos primeros libros de los Reyes
PROFÉTICOS
Profetas mayores:
Isaías (Is.)
Jeremías (Ier.; Jer.)
Laméntaciones de Jeremías (Lam.)
Barue (Bar.)
Ezequiel (Ez.)
Daniel (Dan.)
Profetas menores:
Oseas (Os.)
Joel (Ioel; Joel)
Amós (Am.)
Abdías (Abd.)
Jonás (Ion.; Jon.)
Miqueas (Mich.; Miq.)
Nahum (Nah.)
Habacuc (Hab.)
Eclesiastés (Eccl.; Ecl.)
Cantar de los Cantares (Cant.)
Libro de la Sabiduria (Sap.; Sab.)
Eclesiástico (Eccli.; Ecli.)
Sofonías (Soph.; Sof.)
Ageo (Ag.)
Zacarías (Zach.; Zac.)
Malaquías (Mal.)
NUEVO TESTAMENTO (27 libros)
HISTÓRICOS
Evangelios:
Mateo (Mt.; Mat.)
Marcos (Me.: Marc.)
Lucas (Le.; Luc.)
Juan (lo.,. Jn.)
Hechos de los Apóstoles (Act.: Hech.)
DIDÁCTICOS
II de San Pedro (II Pet.; II Ped.)
Epístolas de San Pablo:
A los Romanos (Rom.)
I a los Corintios (I Cor.)
II a los Corintios (II Cor.)
A los Gálatas (Gal.; Gál.)
A los Efesios (Eph.; Efes.)
A los Filipenses (Phil.; Fil.)
A los Colosenses (Col.; Colos.)
I a los Tesalonicenses (1 Thess.; I Tes.)
II a los Tesalonicenses (II Thess.; II Tes.)
I a Timoteo (1 Tim.)
II a Timoteo (II Tim.)
A Tito (Tit.; Tito)
A Filemón (Philem.; File.)
A los Hebreos (llebr.)
Epístolas católicas:
De Santiago (Iac.; Sant.)
I de San Pedro (I Pet.: I Ped.)
I de San Juan (I lo.; I Jn.)
II de San Juan (II lo.; II Jn.)
III de San Juan (III lo.: III Jn.)
De San Judas (Iudas; Jd.)
PROFÉTICOS
Apocalipsis de San Juan (Apoc.)

A los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento según la clasificación judía, la Iglesia añadió los siete de : Toblas, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, y I y II de los Macabeos; los cuales, con la Epístola los Hebreos, II de Pedro, II y III de Juan, de Santiago, de Judas y el Apocalipsis, son llamados deuterocanónicos. Los demás son los llamados canónicos. A continuación de cada título, y entre paréntesis, va la abreviatura que suele emplearse, en
latín y en castellano, para las citas de la Sagrada Escritura; sólo figura una cuando ambas son idénticas.

El número de libros es diferente según se trate de los judíos o de las distintas confesiones cristianas. A los libros originariamente escritos en hebreo (y pequeñas secciones en arameo) que forman la Biblia judía se sumaron otros libros escritos en griego a los que se aplica el nombre de deuterocanónicos (o sea, de un segundo canon, refiriéndose al que se pensaba fue utilizado en Alejandría), que ni los judíos ni algunas confesiones cristianas (para las que son apócrifos) reconocen como revelados, pero que sí lo son para los católicos y ortodoxos. Todos los cristianos coinciden en dar al conjunto de esos libros el nombre de "Antiguo Testamento" (o "Alianza antigua"), incluyendo junto a ellos con la misma categoría los escritos griegos del "Nuevo Testamento", que tratan sobre la vida de Jesús y los primeros cristianos.

Los Libros Bíblicos.

La Biblia hebrea está compuesta por tres bloques de libros: la Torá ("Instrucción" o, en griego, "Pentateuco", los "cinco libros de Moisés"), los Profetas (incluyendo libros históricos y propiamente proféticos), y los Escritos (llamados también "Hagiógrafos", entre los que se cuentan géneros literarios muy diversos: Salmos, Proverbios, Job, etc.). Con sus iniciales se ha formado el término Tanak, con el que suelen designarse en hebreo. Son en total, según el cálculo judío, 24 libros. Algunos de ellos se redactaron antes del destierro de Babilonia (586 a.C.), aunque fueron completados o revisados con posterioridad a esa fecha; otros, fueron escritos durante el mismo destierro, o a la vuelta del mismo, en los siglos bajo la dominación de los persas o de Alejandro Magno y sus sucesores. El último libro que se escribe es seguramente el de Daniel (con algunas secciones en arameo), hacia el siglo II a.C.

El primer libro de la Torá o Pentateuco, el Génesis, presenta el relato de la creación del mundo y el pecado de los primeros hombres, y recoge a continuación narraciones sobre los antepasados del pueblo judío, los Patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y José. Los cuatro libros que siguen, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, tienen como protagonista a Moisés, e incluyen la narración de la salida de Egipto, la entrega de la Torá en el Sinaí y la marcha por el desierto de los israelitas, junto a varios códigos legales. El Deuteronomio presenta una legislación particular, que insiste en la centralización del culto y el humanitarismo, que suele ponerse en relación con la reforma de Josías, rey de Judá. Los materiales tienen su origen en círculos humanos e ideológicos muy distintos, de los que los más antiguos son al menos del tiempo de la monarquía, mientras que el último de ellos, que proviene de grupos de sacerdotes al servicio del Templo de Jerusalén, parece haberse concluido en la época del destierro. Incluyen géneros literarios muy diversos, tanto de carácter narrativo como jurídico, y ciertas secciones poéticas.

El conjunto de los Libros históricos se conoce también como "Profetas anteriores" e incluye: Josué, Jueces, 1º y 2º Samuel y 1º y 2º Reyes. Éstos se distinguen de los "Profetas posteriores", que incluyen los libros que contienen las enseñanzas de los profetas de Israel. En el primer grupo de libros se relatan los acontecimientos históricos que siguen a la muerte de Moisés: la conquista de Canaán bajo el mando de Josué, el período de los jefes carismáticos ("Jueces"), la formación de la monarquía con Saúl, David y Salomón, y la separación de los dos reinos, del Norte y del Sur, hasta su conquista por parte de los asirios y babilonios.

Los libros de los "Profetas posteriores" recogen los dichos, oráculos y visiones de los profetas literarios, esto es, de las tres grandes figuras de Isaías, Jeremías y Ezequiel, y de los doce profetas llamados "menores" (véase Libros de los Profetas Menores). Los más antiguos son del siglo VIII a.C. (Isaías, Amós, Oseas, Miqueas), y los más recientes, posteriores al exilio, del siglo V a.C. o aún más tardíos (Malaquías, etc.). En el libro de Isaías se distinguen tres secciones: en la primera, capítulos 1-39, se han recopilado varias colecciones de palabras procedentes de la actividad del profeta Isaías (siglo VIII a.C.); la segunda, llamada "Deuteroisaías" (capítulos 40-55), refleja una época muy posterior, cuando el Templo había sido ya destruido (siglo VI a.C.); la tercera, el "Tritoisaías", contiene materiales aún más recientes, de la época persa. El libro de Jeremías recoge la actuación de este profeta, nacido en la segunda mitad del siglo VII a.C., en tiempo de los reyes Joaquín y Sedecías, y aun de su estancia forzada en Egipto; la forma definitiva del libro no sería anterior al siglo III a.C. El libro de Ezequiel refleja el ambiente del exilio en Babilonia, en el siglo VI a.C., aunque la redacción final se sitúa en tiempo más reciente. Los libros de los Profetas Menores, por su parte, contienen oráculos de carácter profético provenientes de los reinos del Norte (Oseas) y del Sur, anteriores y posteriores al destierro de Babilonia (como Ageo, Zacarías y Malaquías). La colección final de los mismos en este bloque puede ser del siglo III a.C.

Los "Escritos" forman el grupo más variado de libros bíblicos; unos son anteriores al destierro y otros muy posteriores. Forman parte de este grupo tres grandes libros: el Libro de los Salmos, una colección de 150 himnos y poemas líricos de súplica o didáctico-religiosos, algunos atribuidos a David, otros a Coré y Asaf, y buena parte sin referencia alguna de autor; el Libro de Job, un libro profundo y problemático, con secciones en prosa y en verso, sobre la actitud del hombre ante Dios y la justicia divina, compuesto en torno al año 400 a.C.; el Libro de Proverbios, libro sapiencial (véase Libros Sapienciales), con dichos, aforismos, poemas didácticos, dichos numéricos, etc., atribuidos tradicionalmente a Salomón, si bien su proceso de formación se completa hacia el siglo IV a.C. Un pequeño grupo, llamado "los cinco rollos" y que incluye los libros de Rut, Cantar de los cantares, Qohelet, Lamentaciones y Ester, tiene en común el tono edificante y aleccionador, aunque el escepticismo existencial de Qohelet y el tono erótico del Cantar, un canto nupcial, hicieron que se discutiera si debían incluirse o no entre los libros sacros. Hay asimismo libros históricos, como Crónicas, Esdras y Nehemías, que tras pasar revista a toda la historia de Israel relatan la vuelta del exilio y la reconstrucción del Templo. El libro de Daniel, seguramente el último de todos los que forman parte de la Biblia hebrea, es de carácter apocalíptico y puede haberse escrito en el siglo II a.C.
El canon judío y el texto de la Biblia.

La aceptación de algunos de esos libros como "bíblicos" o "canónicos" dentro del judaísmo no fue inmediata, y estuvo precedida de dudas y debates. Los cinco libros de la Torá fueron los primeros unánimemente aceptados. Para la secta de los samaritanos, que probablemente se separó del judaísmo oficial a mediados del siglo II a.C., fueron los únicos libros sagrados. Más adelante se dio una categoría similar a los libros proféticos. En los comienzos de nuestra era se había generalizado ya leer en la sinagoga cada sábado una porción de la Torá (dividida en ciclos de uno o tres años), y una sección de los Profetas. Los últimos en aceptarse como canónicos fueron los "Escritos", sobre los que todavía había algunas dudas en el siglo I d.C. En los manuscritos hay numerosas discrepancias en el orden de este grupo de libros y en particular de los "cinco rollos". No obstante, desde comienzos del siglo II se distinguían ya claramente los libros bíblicos de otros libros de tema religioso más o menos marginales, que recibieron la denominación de libros «externos».

Tampoco fue un proceso rápido el que llevó a la fijación del texto hebreo de la Biblia: diversos testimonios de las antiguas versiones y, muy en especial, de los manuscritos bíblicos hallados al borde del Mar Muerto nos permiten observar que existían pequeñas diferencias en los distintos textos utilizados por las comunidades judías en torno a los comienzos de nuestra era. Gracias a la intervención de los rabinos (el impropiamente llamado "sínodo de Yabne") a fines del siglo I d.C., se logró una mayor uniformidad. Ese texto uniformado es el que recibieron los masoretas medievales, que dedicaron su esfuerzo a asegurar la conservación cuidadosa de los menores detalles del texto, al tiempo que lo vocalizaban y lo dotaban de acentos. El "texto masorético" es el que se encuentra hoy en todas las Biblias impresas.


Manuscritos y ediciones.

Entre los Manuscritos del Mar Muerto
aparecieron numerosos fragmentos de los libros bíblicos, sobre todo en hebreo y griego. El más destacable es un rollo completo del libro de Isaías, seguramente escrito a fines del siglo II a.C., con lecturas un tanto peculiares, pero sustancialmente idéntico a los más importantes manuscritos medievales y a nuestras ediciones actuales. Otra colección importante de fragmentos de manuscritos bíblicos, aunque ya medieval, procede de los fondos descubiertos en el almacén (Geniza) de una vieja sinagoga de El Cairo. El texto de nuestras biblias hebreas impresas depende en lo esencial de los manuscritos vocalizados por la principal familia de masoretas de Tiberias, los Ben Aser, que desarrollaron su actividad a comienzos del siglo X. El manuscrito que tiene mayor prestigio en nuestros días es el Códice de Alepo, de la primera mitad del siglo X, cuya vocalización se atribuye a Aarón ben Aser, y del que desgraciadamente en 1947 se perdió cerca de un tercio en el incendio de la sinagoga de Alepo en la que se guardaba. Otro códice conservado en la Biblioteca Pública de San Petersburgo, de la misma escuela, fechado en 1008, ha servido también de base para la edición de buenos textos hebreos utilizados en nuestro tiempo.

Algunos libros de la Biblia hebrea figuran entre las primeras obras impresas en el siglo XV. En 1488 aparecía la primera Biblia completa de Soncino. Por su especial importancia en los siglos siguientes merece especial mención la llamada "segunda Biblia rabínica de Jacob ben Hayim", publicada por Daniel Bomberg en Venecia en 1524/25. Como será tradición en no pocas Biblias judías, junto al texto hebreo figura el de la traducción aramea y los comentarios de los exegetas judíos más importantes: Rasi, Abrahán ibn Ezra, David Qimhi, etc. Es el texto que se ha tomado como base durante siglos para innumerables ediciones de la Biblia hebrea. La Universidad Hebrea ha iniciado hace unos años la publicación de un nuevo texto crítico de la Biblia hebrea basado en el Códice de Alepo.


Las traducciones judías de la Biblia.

Las versiones judías más antiguas del texto de la Biblia se hicieron al griego y al arameo. Las necesidades de los judíos de la diáspora helenística, cada vez más alejados del hebreo, fueron seguramente la razón que impulsó a verter al griego los libros bíblicos. En el siglo III a.C. se comenzó a traducir al hebreo la Torá, a la que seguirían los restantes libros bíblicos en ese mismo siglo y el siguiente. Se llamó Septuaginta, nombre latino que significa "Setenta", de acuerdo con la tradición judía de que, a petición del Rey de Egipto, el sumo sacerdote habría mandado a Alejandría setenta y dos ancianos de todas las tribus de Israel para realizar esa versión que debía guardarse en la famosa biblioteca de la ciudad. En general es una traducción cuidadosa, aunque a veces se aparta de la estricta literalidad y emplea una técnica de traducción algo más libre; en ocasiones, el texto hebreo que traduce es algo distinto del que utilizaron los masoretas. El hecho de que los cristianos la utilizaran en sustitución del texto hebreo, y de que en el siglo II no pareciera ya responder a los criterios de interpretación de los rabinos de Palestina, hizo que su uso entre los judíos decayera sensiblemente y que trataran de reemplazarla por nuevas versiones más ajustadas a la letra del texto.

Entre tanto, habían ido ganando en importancia en el ambiente judío de Palestina las traducciones arameas de la Biblia: los Targumim. Eran primero explicaciones verbales del sentido del texto hebreo leído en la Sinagoga, en la lengua aramea en la que hablaban muchas de las comunidades judías, sobre todo en Galilea; después, serían puestas por escrito, incluyendo con frecuencia glosas introducidas para aclarar y actualizar el sentido del texto. (Véase targum).

Entre las traducciones medievales a otras lenguas tuvo especial importancia y difusión la versión al árabe realizada por Saadia Gaón a comienzos del siglo X. Del siglo XII es la primera versión parcial de la Biblia hebrea al romance castellano incluida en La Fazienda de Ultramar. Durante los siglos siguientes seguirían otras versiones que han recibido el nombre de Biblias romanceadas. Tuvo particular importancia la versión llevada a cabo por Moisés Arragel de Guadalajara en el siglo XV (Biblia de Alba) y, tras la expulsión de los judíos de España, las ediciones impresas del Pentateuco de Constantinopla (1547) y la Biblia de Ferrara (1553).

La interpretación de la Biblia en el judaísmo.

Desde muy pronto se sintió la necesidad de estudiar y comentar la Biblia dentro del judaísmo. Era sin duda la base de la fe judía (junto con la tradición oral, llamada "Ley oral") y la fuente de la práctica legal del judaísmo. Según la enseñanza rabínica, en la Biblia se encontraban formulados los 613 preceptos, positivos y negativos, por los que debía regirse la vida judía. Los rabinos partían de la idea de que el texto de la Biblia no sólo tenía un sentido literal o directo sino que, convenientemente estudiado, podía manifestar otras muchas facetas ("la Torá tiene setenta caras"). Elaboraron para escudriñar esos aspectos colecciones de normas hermenéuticas, en parte basadas en el silogismo aristotélico y en la analogía, y en parte en procedimientos mucho más complejos y más alejados de la lógica helenística. Con esos criterios se redactaron los comentarios a la Biblia de los tiempos rabínicos, los midrasim, hasta el comienzo de la Edad Media.

En el Medievo, los comentarios judíos de la Biblia dieron un giro muy significativo. Coincidiendo con el desarrollo de los estudios léxicos y gramaticales, sobre todo en al-Andalus, se revalorizó el análisis filológico y el sentido directo y literal del texto. Al mismo tiempo, los filósofos buscaban sentidos alegóricos en la Escritura (igual que habían hecho muchos siglos antes algunos alejandrinos como Aristóbulo o Filón), y los cabalistas encontraban también alusiones a los misterios profundos de las enseñanzas de la Cábala. Otros exegetas practicaban todavía un tipo de exegesis tradicional, próximo a los procedimientos empleados por los antiguos rabinos. Así se desarrollan dentro del judaísmo los "cuatro sentidos de la Escritura": literal, tradicional, alegórico y místico. Entre los comentaristas judíos más conocidos de la Biblia hay que mencionar al anteriormente citado Rasi, rabino judío francés (de Troyes) que a fines del siglo XI y comienzos del XII alcanzó el máximo prestigio entre sus correligionarios por sus comentarios a casi todos los libros de la Biblia, en los que buscaba el sentido literal sin dejar de ser fiel a los métodos tradicionales de los rabinos; con su ciencia y su gran sentido pedagógico, se convirtió en un clásico de la exegesis judía. Junto a él, dos exegetas de origen español se cuentan también entre los más populares: Abrahán ibn Ezra y David Qimhi. El primero, nacido en Tudela a fines del siglo XI, escribió numerosos comentarios a la Biblia en sus viajes por Italia y Francia, incluyendo en ellos el saber filológico andalusí, con observaciones valiosas de carácter científico y filosófico. David Qimhi, de familia andalusí, pero nacido ya en Narbonne, unió el conocimiento filológico y la búsqueda del sentido literal a una actitud más comprensiva hacia los resultados de la exegesis tradicional de los rabinos. Los comentarios de estos tres exegetas judíos suelen incluirse en todas las ediciones de la Biblia para uso de las familias judías. Se suele añadir también el comentario de otro judío catalán, Nahmánides, con frecuentes referencias a las enseñanzas de la Cábala.

   

 


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